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Tan Cerca y Tan Lejos



Por Jack Rubinstein

En el panorama global, Israel se presenta como un aliado estratégico para las élites empresariales y científicas de los países occidentales. Su posición como epicentro de innovación tecnológica y científica es indiscutible. Empresas de Silicon Valley y corporaciones europeas mantienen estrechas relaciones con las startups israelíes, admirando su capacidad de innovación y su espíritu emprendedor. Los avances en ciberseguridad, tecnología agrícola y medicina procedentes de Israel son valorados y adoptados en Occidente, consolidando así una relación de cooperación y admiración mutua en el ámbito profesional.


La imagen simplificada y a menudo sesgada que se proyecta en los medios de comunicación occidentales y en las narrativas ideológicas extremas, tanto de izquierda como de derecha, no logra capturar la complejidad y la inclusividad que caracterizan a la sociedad israelí.

Sin embargo, esta percepción positiva y colaborativa en las esferas empresariales y científicas contrasta notablemente con la visión general de la población occidental sobre Israel. Existe un desconocimiento real sobre la vida cotidiana en este país y la diversidad cultural que lo define. Israel es, en muchos sentidos, un microcosmos de multiculturalidad. Su población incluye judíos de Europa, América, África y Asia; musulmanes, cristianos, drusos, y otras minorías religiosas y étnicas que conviven y contribuyen al tejido social del país.


La imagen simplificada y a menudo sesgada que se proyecta en los medios de comunicación occidentales y en las narrativas ideológicas extremas, tanto de izquierda como de derecha, no logra capturar la complejidad y la inclusividad que caracterizan a la sociedad israelí. Este país, tan pequeño en territorio, es vasto en su diversidad cultural y social. Las festividades, la gastronomía, los idiomas y las costumbres varían enormemente, reflejando una riqueza que pocos en Occidente conocen a fondo.


Este desconocimiento no solo es una cuestión de percepción, sino que tiene consecuencias en la forma en que se aborda y se comprende el conflicto y la política en la región. Las narrativas simplificadas alimentan prejuicios y malentendidos que alejan a las sociedades occidentales de una comprensión más matizada y realista de Israel. Para algunos, Israel es visto únicamente a través del prisma del conflicto árabe-israelí, mientras que otros lo reducen a estereotipos o lo mitifican como un bastión tecnológico sin considerar su complejidad humana.


La ironía de esta situación radica en que, mientras más cerca están los lazos económicos y científicos, más lejos parecen estar las comprensiones culturales y sociales. Las élites empresariales pueden trabajar en proyectos conjuntos y compartir conocimientos técnicos, pero este nivel de interacción no siempre se traduce en una mayor comprensión o aprecio por la vida y la cultura israelíes en el ámbito público y popular.


Israel y Occidente están tan cerca en sus colaboraciones y alianzas estratégicas, pero tan lejos en su comprensión mutua que se hace necesario un esfuerzo consciente y sostenido para cambiar esta realidad, para que la verdadera naturaleza multicultural e inclusiva de Israel sea reconocida y apreciada, y para que las poblaciones occidentales puedan ver más allá de las narrativas simplificadas y aprecien la riqueza y la diversidad de la vida israelí.

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